8 de marzo, aún no deja de ser violento

Me siento tan vulnerable a esta sociedad, tan violentada que no sé si hoy sea capaz de escribir algo que no sea desde mis más profundos miedos.

Cuando se plantío el desafío de escribir una columna sobre el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, volaron luces por mi cabeza de que sería una excelente oportunidad para partir, pero hoy me levanto camino a la universidad mirando a mi alrededor y veo chicas camino a sus liceos, mujeres a sus trabajos, madres llevando a los más pequeños, mujeres conduciendo buses escolares y yo camino a estudiar. Y me siento una vez más violentada porque vivo en una sociedad que no entiende qué ha pasado para que hoy sea un día internacional, no es un día que represente una paralización del sistema, sino más bien continuamos como cualquier otro días donde, a lo más, te llegan mensajes por Facebook con flores deseándote un feliz día.

Hoy conmemoramos un día más en la lucha por los derechos de la mujer en el trabajo y en el derecho a voto, yo hoy me permito no decirle feliz día a nadie porque no hay nada que felicitar. Tengo claro eso, que no hay nada que celebrar porque aún nos falta mucho que avanzar.

Soy declarada una mujer activista, política y madre, pero la opción de hacerse cargo de decir soy una mujer política es una condena social, pero me tomo de las palabras de Kate Millett cuando dijo “lo personal es político”. Cuando tengo que asistir a audiencias y mediaciones por una pensión de alimentos para mis hijos y llevo 5 años sin soluciones, eso que es tan personal para mí se vuelve político para todas, cuando quiero que a ninguna le pase nuevamente. Cuando veo que no tengo espacios para mis proyectos culturales en esta ciudad, se vuelve político para todas cuando trabajamos arduamente porque nuevos espacios sean abiertos. Cuando veo que mis hijas deben de enfrentarse a una sociedad llena de estereotipos sobre qué deben de hacer las niñas y me propongo que ellas crezcan sin esas reglas del patriarcado, mi pequeña lucha en el hogar se vuelve política. Cuando veo a mi hijo ordenando a sus hermanas que le cumplan lo que el pide y yo le hago entender que él también puede hacer sus cosas solo, vuelvo la relación de él con otras mujeres a un acto político. Cuando acompañé a una mamá oncológica solo porque creo que las mujeres deberíamos de acompañarnos solo ser mujeres, se vuelve a convertir en un acto político. Cuando veo que nunca he recibido un pre-natal ni un post-natal por ser una trabajadora del sector creativo y veo que mis compañeras creativas viven las mismas condiciones laborales precarias, mi insistencia en la organización del sector de la cultura se vuelve un objetivo político.

Por esto hoy yo le digo a todas mis compañeras, cuánto debemos de resistir aún más que ayer, la lucha ha sido larga y lo seguirá siendo, pero aquí requerimos comunidad fraterna, aquí nada es individual y todo es colectivo, porque lo que construyó yo hoy es para todas mañana, si yo hoy soy la primera, mañana habrá una segunda y así vamos abriendo el camino para la tercera y para todas. Hoy no queremos flores, hoy queremos compañeros en la calle a nuestro lado avanzando a una sociedad más justa para todas

Autor entrada: Revista Patagonia Rock

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