¿Administrador o Gestor?

Me acordaba de un video que salió en el año 2013 donde hacían una caricaturización del Gestor Cultural en Chile cuando el término “SOY GESTOR CULTURAL” estaba muy de moda. Creo que ese perfil de administrador de proyectos fue un rol que se confundió durante mucho tiempo en Chile con el de gestor cultural y es aquí donde quiero detenerme para que entendamos.

Un administrador de proyectos (ya sea con habilidades de contabilidad o administración) es eso, un administrador, que entiende de organización bajo las premisas de controlar, ejecutar, manejar, planificar y analizar lo que está administrando. Por otra parte, un gestor cultural tiene una labor totalmente diferente a la de administrar. A un administrador lo podemos incluir en el equipo con ese rol específico. Cuando las y los gestores no sienten la llamada de la cultura, no tienen una auto identificación, es ahí cuando se vuelven administradores.

A lo largo de mi constante formación como gestora cultural puedo esbozar algunas ideas de lo que se debiese entender como Gestión Cultural. El gestor cultural puede desarrollar su labor tanto en el ámbito público como privado y desarrollarse en todas las áreas de la cultura, teniendo en cuenta que su labor no es ser un creador, sino más bien un mediador que vincula a la sociedad con todos los aspectos de la cultura. Es imprescindible que el gestor sea flexible, capaz de adaptarse a las necesidades, lenguajes y características de los trabajadores de la cultura y de la población.

La otra gran diferencia entre administrar cultura y gestar cultura, es que el gestor debe manejar herramientas que promuevan iniciativas que tengan impacto, es decir, que revitalicen la cultura en la sociedad. Esto es fundamental en la transformación que puede provocar la cultura en una comunidad, donde más que generar espectáculo de observación se debe generar obra de reflexión para un crecimiento y aprendizaje colectivo.

Algo que para mí es fundamental dentro de mi labor como gestora cultural, es que sin los artistas creadores no tenemos nada que hacer, y en esa responsabilidad que nos cabe como gestores es que tenemos el deber de ser los primeros en respetar y resguardar los derechos laborales y de buenas prácticas para nuestro compañeros de trabajo. Un gestor cultural que no respeta el trabajo de creación, que no valora como un trabajo la labor del artista, que no crea vínculos entre sus compañeros y compañeras, está perdido. Sin los creadores de obra no tenemos ningún sustento para incidir en la cultura local.

Debemos entender que los derechos culturales de una comunidad, no sólo radican en el derecho al acceso y al disfrute de la cultura, sino también debe proporcionar las condiciones favorables para que quienes trabajan en la cultura sean tratados en condiciones dignas como cualquier trabajador de este país. Los gestores culturales tenemos en nuestras manos el desafío y la responsabilidad de mejorar las condiciones de los trabajadores de nuestro sector y por consecuencia, mejorar los accesos a la cultura para nuestras comunidades. Por eso, no se confunda, una cosa es administrar y otra diferente es gestar.

Nos queda mucha tarea por hacer en cultura, pero vamos por buen camino.

Autor entrada: Revista Patagonia Rock

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