Cuento Viejo de Camino de Tierra: Mano a mano con el disco

Como ya es costumbre y desde 2006 con la aparición del disco debut homónimo de este quinteto magallánico, se abren los fuegos de larga duración evocando al hard rock clásico, la añorada carretera y los paisajes inhóspitos. Combustible lleva por nombre esta canción cuya introducción con sonidos de viento, aves y guitarras con efecto delay que nos remontan a las de Escarchado atardecer del disco Aplastando distancias (2008). Paisaje sonoro que da paso a la banda completa como si se tratara de un automóvil que pasa por el camino dejando atrás esa atmósfera inicial. “¿Para qué seguir hablando?” enuncia un decidido César Keikruk acompañado de las características segundas voces de Rodrigo Barría y Derek Biskupovic. Hacia el final, el vocalista se manda un grito bien potente y sostenido en el tiempo que bien puede evocar al combustible o a la falta del mismo, lo cual es seguido inmediatamente (y con una velocidad similar) por El Escape: Pieza que tuvimos la oportunidad de conocer gracias a un adelanto publicado el 15 de noviembre.

Una guitarra hace el llamado inicial a lo que responden los demás instrumentos. “Un paso más y nos largamos de acá” canta el frontman, seguido de un pegajoso estribillo y un reflexivo puente que nos llevan hacia un climático quiebre instrumental, que junto con el título nos recuerda el afán nómade de la agrupación que se ha mantenido intacto por los más de 12 años de trayectoria musical.

Irrumpe Sendas con una intro ruidista de acople de guitara combinado con deslizamiento de uñeta o pick slide y “lluvia” de armónicos, luego de los cuales Alan Vidal marca la partida con su hi-hat Sabian Aax, comenzando este corte con rítmica marcada y una velocidad más baja pero no por eso con menos contundencia. Un crybaby en la guitarra otorga el toque de fiereza a modo de complemento que le viene muy bien a la estructura general; “Voy perdiendo la razón, hacia lo salvaje” vocifera Keikruk acompañado de un riff ejecutado al unísono por las 3 cuerdas.

Bajamos más el pulso con el blues El Chueco. Sensualidad pura iniciada por Alan en los timbales con una poesía vocal con efecto delay que evoca el pasado entonando “sombras sucias de un recuerdo de ayer”. Un susurro que, como desde el más allá nos dice en secreto “echarse a correr”, continua el movimiento ternario hacia un solo de guitarra que a su vez nos conduce hacia una sección final en la que las guitarras hacen “paralelas” a la manera típica del punkrock, culminando con un riff climático “cantado” por la Gibson standard SG de Alvaro Bórquez, el Rickenbacker 4003 jetglo de Barría y la Fender American Standard Stratocaster de Biskupovic que desemboca en un mibemol “a tierra” recordando la sonoridad western.

Arranca el oscuro hardcore punk de Al Matadero, con el fulgor de las cuatro cuerdas distorsionadas de Barría, canción que tuvimos la oportunidad de conocer el 3 de junio gracias al registro audiovisual en 360° de Sesiones Naranjo realizado en sala Angamos. La letra es punzante y existencial con versos como “Romper la ley, volar al sur”; un interludio baja la velocidad a la mitad con una atmósfera frenética y retorna hacia la rapidez con un desenfrenado solo de guitarra que finaliza de manera épica con una melodía muy “oreja”.

Jeans nos embriaga con dulce placer, traído a la vida luego de pasar tiempo en la bóveda de creaciones no plasmadas de C.D.T. según cuenta Keikruk. Es un rockn’roll andante que en su mitad nos transporta hacia una dimensión de éxtasis muy bien lograda y con matices desérticos catárticos que nos guían hacia el punkrock homónimo “Cuento Viejo”.

Se distingue una guitarra cantable y melodías paralelas de las mismas 6 cuerdas, uno de los sellos característicos de esta entrañable banda austral. “Escucha un poco más, trata de mirar la parte lenta de tu voluntad” aconseja el vocal quien da el sentido lírico a esta potente propuesta musical, figurando un fade out hacia el silencio que nos da la sensación de nunca acabar.

Momento de conocer a Mr. Psycho, también traído del baúl de los recuerdos, donde Alan con su caja Gretsch Maple los tambores de una Yamaha Classic Maple nos invita en la recta final a mover el esqueleto una vez más al ritmo del punk rock mientras cantamos “Se cierra un nuevo amanecer, un manto gris lejos se ve mientras los cuerpos gritan por su sangre”. El baterista baja la velocidad a la mitad nuevamente, matizando con la campana de su ride Impression. Un gutural enardecido dirige la senda hacia unos timbales inframundanos, en el que aparece un canto hablado que le da el testimonio a un destellante y demente solo de guitarra con efecto de crybaby.

Llegó el final del recorrido y se divisan las Luces más Allá. Tonada con carácter agalopado comenzado por unos hi-hat que, si se quiere, hace un guiño al omnipresente Patagón sin Ley perteneciente a la placa Pueblo Maldito (2015). “Y si te sientes bien nos volveremos a encontrar. Volvernos a encontrar” entona un concluyente César que da paso a un último trance instrumental que sacia nuestra sed ante la expectación generada luego de 3 años desde su último trabajo discográfico.

Una radiografía de sus estilos y matices es la que nos brinda Camino de Tierra, esta vez (y en una 3era ocasión con la actual formación, luego de Pueblo Maldito y 353 de 2016) gozando de una calidad sonora admirable, que a su vez funciona como un acercamiento hacia la esencia misma de la banda, en esta ocasión en alta definición de la mano de la también magallánica Victoria Cordero. Un cuarto trabajo discográfico que cierra un año redondo para el pentagrama puntarenense luego de su pasada por el festival Woodstaco en la montaña de Teno, por el Rockódromo en Playa ancha y por el festival Fluvial en Valdivia, dejando siempre bien en alto la bandera tricolor de la pampa, las montañas nevadas y la cruz del sur.

Autor entrada: Gonzalo Manzo

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